miércoles, 7 de diciembre de 2011

Día Primero:


                Para Miriam Flores, ese día había sido divertido y con pocas preocupaciones. Como cada domingo, en la mañana había salido a comprar los víveres para toda la semana (así lo decían aunque todo se acababa el jueves) y especialmente para el desayuno y almuerzo de ese día. Con su padre, hicieron un desayuno bien nutrido para toda la familia (ella, su papá y su hermano) y entre los tres se pasaron arreglando la casa toda la mañana.
                Ese día había tenido una temperatura alta pero en la ciudad eso era muy común. Miriam como cada domingo había estado escuchando música criolla mientras trabajaba dentro de su casa (con las puertas y ventanas bien abiertas con el fin de atrapar las brisas de verano, que siempre rozaban sus mejillas y alborotaban su cabello suelto), hasta la hora del almuerzo.
                La semana anterior, Miriam y su hermano Jefferson le habían hecho prometer a su papá que irían a comer pollada ese domingo, así que entre los tres cerraron la tienda de abarrotes y fueron a comer a la primera pollada que encontraron.
                Miriam disfrutó mucho ese almuerzo familiar, que duró casi una hora, dejándolos exhaustos.
                Era un domingo de descanso por lo que cuando su padre, al regresar, quiso abrir la tienda, ellos (Miriam y Jefferson) le obligaron a ir a su cuarto. Ya tendría toda una semana para trabajar.
— Ustedes están creciendo demasiado rápido —decía sonriendo el señor Flores cada vez que sus hijos se juntaban para obligarle a hacer algo — En especial tú Miriam —y se ponía al lado de su hija para comprobar que casi estaban al mismo tamaño —Miriam se sonrojaba y le daba un golpecito en el brazo a su padre porque en su clase, Miriam era la que tenía mayor estatura de todas y a su papá le gustaba molestarla con eso.
                Esa noche, Miriam tenía planeado ir a casa de su amiga Lucrecia y hacer unos ejercicios de Geometría, que le habían dejado en el colegio. Ella y sus amigas siempre se juntaban y hacían sus trabajos como jugando pero en esta ocasión las otras chicas estaban ocupadas y sólo Lucrecia podía trabajar con Miriam.
                Casi a las seis de la noche, Miriam empezó a bañarse y alistarse para visitar a su amiga. Se vistió unos jeans azules y una blusa rosada con pequeñas líneas blancas verticales. Calzó unos zapatos negros en los que se podían ver los dedos de los pies y una pequeña rosa negra con centro plateado y brillante. Su largo y liso cabello se lo ató con un collete, pero dejó que una parte de ellos cayeran sobre su rostro y sus hombros como pequeñas cascadas de agua de castaña. De su brazo derecho colgaba una cartera de tela en la que llevaba sus cuadernos y un libro de geometría.
                Así Miriam salió de su casa quince minutos antes de las siete. "Todavía es temprano —pensó— no va a haber problema si voy a pie".
                Por esa razón era que siempre salía un poco temprano. Si Miriam caminaba a casa de Lucrecia se demoraría de diez a quince minutos. No era lejos y como a ella le gustaba caminar, decidió ir a pie y disfrutar de sus pensamientos.
                El tiempo pasaba mientras Miriam se dirigía a casa de su amiga. Para Miriam ese camino era muy conocido, pues lo había recorrido varias veces en motocicleta o a pie. Entre la casa de Lucrecia y de Miriam se encontraba la plaza de armas pero a ella no le gustaba ir por un lugar con tanto movimiento. Más bien siempre la rodeaba y se iban por una pequeña plazoleta mucho más silenciosa ubicada a dos cuadras de la plaza mayor.
                Como todavía era temprano, había poca gente en esa pequeña placita. La única banca estaba desocupada aún, pero Miriam sabía que más tarde alguna pareja iría y se sentaría para estar más cómodos.
                Sólo había dos personas en toda la plaza aparte de Miriam y estaban sentados viendo hacia el lado contrario de donde estaba ella y riendo claramente. Ella se les quedó mirando un momento y luego quiso regresar a su camino pero se dio una grata sorpresa.
                Frente a ella venía caminando un chico. Él era alto y de paso aseguro. Tenía cabello corto ondeado y despeinado y estaba con unos vaqueros azules y polo celeste.
                Miriam no había visto a José Bueno desde la semana pasada cuando salieron con dos amigas más a comer pizza, y ahora lo encontraba caminando hacia ella. Miriam se alegró de verlo sonriendo y sin darse cuenta ella también lo estaba.
                Había sido una extraña historia la de Miriam y José: Ellos se habían conocido desde pequeños en la escuela, cuando aún Miriam asistía a una escuela mixta, pero se dejaron de frecuentar cuando los dos entraron a la secundaria.
                Tres años más tarde cerca de la casa de José se mudó una chica de su edad que le gustó al instante pero que lamentablemente estaba asistiendo a un colegio de mujeres. Por medio de unos amigos, José se entera que Miriam es amiga de esa chica y decide pedirle que se la presentara. Miriam no acepta al inicio pero José hace tan buen trabajo que después de un tiempo logra convencerla y ella termina ayudándole.
                A quien José no logra convencer es su Laura, su vecina. Durante un tiempo José intenta tratarla pero ella al parecer sólo quería tener amigos. Por otra parte la relación entre Miriam y José se hacía cada vez más cercana y éste comenzó a frecuentar a Miriam mucho más de lo que había pensado.
                Ya había pasado casi siete mese del día en que José le pidió ayuda a Miriam para conocer a su amiga y ahora estaba frente a él y le sonreía antes aún de encontrarse.
                Miriam vio que José también venía sonriendo, por lo que aceleró el paso hasta que se encontraron.
— Enana, ¿qué estás haciendo por aquí? —fue lo primero que dijo José mientras se daban un beso en la mejilla.
— No soy ninguna enana, yo soy más grande que tú —dijo ella —, y soy la más alta de mi salón también.
— ¿Sí? ¿O sea que tú eres la chica ruda de tu clase? —Miriam rió.
— Sí, y tú también tienes que tener cuidado conmigo porque podrías perder.
— No voy a perder nada porque no quiero luchar contigo, de todos modos eres todavía muy chiquita como para que quieras ganarme… —Dijo José.
                De esa manera se saludaron Miriam y su amigo, entre broma y broma, como todas las veces que se encontraban.
— Bueno, hablando en serio, ¿qué estás haciendo?, ¿a dónde te estás yendo tan temprano? —Le preguntó José cuando terminaron las risas iniciales, pero sin borrar una pequeña sonrisa de su rostro.
— Tengo que hacer unos ejercicios de Geometría que me han dejado en el colegio y estaba yendo donde Lucrecia para hacerlos —se lo ocurrió una idea —. ¿Y tú, donde estás yendo? ¿Estás muy ocupado en este momento?
— No, ahora no tengo muchas cosas que hacer.
— Mmm… Pues tú me has dicho que te gusta enseñar, además que quieres ser profesor…
— Yo no quiero ser profesor, a mí me gusta la física, no la educación física, es decir nada de educación.
— Pero te gustan los números, ¿no?, entonces puedes ayudarme con unos ejercicios que tengo aquí —Dijo Miriam y apuntó su cartera en la que llevaba sus cuadernos, entre otras cosas.
— ¿Sabes? eso es lo que me gusta de ti —fue la respuesta de José y Miriam se sorprendió un poco—, que tienes bastante imaginación, eres muy imaginativa, chiquita —José le dio énfasis a las dos últimas palabras.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Capítulo 3

Kael se colocó el aparato en su espalda y se lanzó hacia la bajada. Julio sentía que el aire se agitaba rápidamente. Se acercó un poco más para ver pero no lo necesitó.
Kael estaba volando. El objeto que tenía en su espalda le servía de planeador pero no parecía un complemento. Daba la impresión de que Kael tenía unas alas de color plateado y que hubiera nacido así. Como un ángel.
—Kael: Yuhuuuu!!!
—Julio: Yeahh!!! Bravo Kael!!! —Los dos estabaan sonriendo —Bravooo!!!
Kael hizo piruetas en el aire. Julio lo miraba emocionado y casi saltaba de alegría. Era impresionante ver a su amigo en el cielo como un pájaro. Kael también sentía lo mismo.
Él estuvo un momento más en el aire y luego bajó al lado de su amigo.
—Julio: Bravo Kael, eso estuvo impresionante!!!
—Kael: Gracias, Lo estuve practicando mucho tiempo. Ahora sí ya puedo hacerlo.
Julio desenrolló lo que tenía en sus brazos. Era una tela rectangular muy larga con dos tablillas en los extremos que servían de soporte. Uno de los extremos se lo dió a Kael y el otro lo dejó en el suelo.
—Julio: Vamos amigo.
Kael sonríe y se lanza de nuevo, arrastrando detrás de sí aquel letrero que se eleva con el viento. Julio se quedó un momento más para ver nuevamente a su amigo volando y comprobar la sensación que daba el letrero.
Kael se alejó un poco más para que Julio pudiera apreciar las letras de la tela: "Martha, te amo".
Julio volvió a sonreir por un momento, y luego corrió colina abajo. Tenía que apresurarse porque sabía que su amigo no iba a estar allí todo el día. Poco a poco la bajada era menos pronunciadas, pero las casas seguían pasando por su lado con la misma velocidad. Julio doblaba esquinas y seguía corriendo hasta que llegó a una casa blanca de dos pisos. Allí se detuvo y tocó la puerta, aún agitado, esperando que se le pasara antes que le abrieran.
Pero no pudo. Antes de que pudiera respirar bien, una joven de alrededor de 19 años abrió la puerta. Era pelirroja y tenía grandes ojos azules. Martha le sonrió a Julio cuando éste le habló:
—Julio: Hola Martha.
—Martha: Hola —Se sorprendió un poco por el estado de su interlocutor pero Julio no tenía tiempo.
—Julio: Martha, ven un momento y mira hacia arriba —Dijo apuntándo al cielo mientras buscaba con la mirada a su amigo que aún seguía volando. Él había llegado cerca de la casa de Martha y planeaba lentamente. Desde esa distancia todavía se leía el mensaje del letrero.
Martha se alejó un poco más de su casa y dirigió su mirada a la dirección que le señalaba Julio. No estaba muy ilusionada con lo que vería pero no esperaba ver a Kael sobrevolando la ciudad con un cartel de "Martha, te amo". Eso le sorprendió por dos motivos: uno era que el gesto era algo que nunca se lo hubiera esperado, y otro era la persona que se lo estaba haciendo: Julio.
Matha volteó a ver a Julio para comprobar que era él quien le había preparado eso, pero en vez de encontrarse con él, se dió cuenta que ya no había nadie parado al lado de ella. En vez de eso, en el lugar en el que debería estar Julio había un pequeño cuaderno hecho a mano bien colocado en el suelo. En su tapa tenía el siguiente texto:
Martha, espero que te guste esto.
de Kael

lunes, 7 de febrero de 2011

Capitulo 2

Todos: Vamos, vamos, vamos!!! (gritos eufóricos de los chicos después de su primera victoria).
Julio y Kael jugaban al 'pulseo' en la mesa del bar y todos estaban reunidos alrededor, gritando eufóricamente. La gente estaba en tensión y hasta la música se había agitado creando el ambiente.
Kael era casi de la edad de Julio, igual que todos sus compañeros, pero parecía mayor por sus cicatrices y facciones toscas. También era más corpulento.
-Todos: Vamos, vamos, vamos.
Todos gritaban mientras Julio y Kael hacían fuerza. Sus rostros estaban apretados y no se sabía quién ganaría.
Poco a poco Kael comienza a vencer a Julio.
-Kael(Se pone un poco más alegre)
Pero Julio se recuerda de la mañana.
-Julio(Pensando): El pirata de la mañana había calentado tanto su mano como para que le saliera fuego.
Y eso hizo. Él hizo vibrar su mano lo más rápido que podía ayudándose con la de Kael. Su mano se calentaba rápidamente.
Kael sintió el peligro e hizo correr una corriente de viento por su brazo, pero Julio seguía calentándose hasta que al final consiguió lo que estaba buscando.
Su mano derecha se encendió y por un instante quemó la piel de Kael, pero el viento que éste había formado hizo que la llama se extienda rápidamente en la mano de Julio, haciéndole perder el equilibrio.
Julio se distrajo un momento de dolor y Kael aprovechó para tumbárselo. Ahora Julio tiene que pagarle un barril de cerveza.
-Todos: ¡¡¡Bravo, Kael!!!...- Le decían...
-Kael(a Julio): Eres rápido, Julio, pero yo soy más fuerte. Jajaja- Todos en el bar estaban alegres.
Pum!!! la puerta del bar se abrió de repente muy ruidosamente y en el umbral apareció el capitán del equipo. Todos se detuvieron.
-Capitán: ¿Qué es lo que está pasando aquí?.-serio y con voz de mando.
-Julio:...
Silencio...
-Capitán: jajajajajajajajajaja...
-Todos: jajajaja...
El capitán entró al bar y se fué a la barra.
Julio se acercó y pidió un vaso de cerveza.
-Capitán: Hola Julio...
-Julio(Divertido): Hola capitán, ¿por qué se demoró tanto, eh?
-Capitán: Tenía que arreglar unas cosas con el jefe.(Se acercó un poco a Julio) Me contó lo de tu hermano...
Julio agachó su mirada y dijo.
-Julio: No quiero recordar eso, ¿si?, no por esta noche.
Julio volvió a sonreir, agarró su cerveza y se la tomó seco y volteado...

Al día siguiente, Julio se fué muy temprano a la playa. La noche anterior había
descubierto algo y quería probarlo...
-Julio(Para sí): Anoche hice fuego de la nada, entonces creo que voy a poder lograrlo hoy día.
Pero descubrió que no era tan fácil. Intentó varias veces y sólo se le calentó la mano.
-Julio(Para sí): Aún haciendo viento sólo puedo encender una miseria, y cada vez mis manos están más doloridas.
Necesitaba un viento más fuerte.
¡Las olas!
Se acercó lo más que pudo al mar e intentó nuevamente. El fuego salió pero no estaba bien dirigido. Necesitaba algo más que eso pero no estaba seguro de qué era eso.
Un par de horas estuvo allí hasta que el sol se elevó completamente. Sólo había podido hacer 10 cm de fuego pero en el paso que iba era un progreso.
Regresó a su casa y se bañó. Tenía que preguntarle a Kael cómo había logrado controlar el viento, pero no estaba seguro de que se lo dijera.
-Kael(a Julio, cuando se lo preguntó): Tienes que ayudarme en algo si quieres que te enseñe
-Julio(sorprendido): ¿Qué es lo que quieres que te ayude?

-Julio(a Kael):No sabía que eras capaz de hacer esto.
Los dos estaban parados en la zona más alta de la ciudad. Desde allí se podía ver todas las casas y el viento corría muy fuertemete por esa zona. Kael tenía una varilla de metal con membranas que asemejaban a pequeñas alas de murciélago y Julio tenía un montón de tela en bajo el brazo.
-Kael: Nunca lo he hecho de esta manera, es la primera vez que lo intento.
Julio le vió y sonrió.
-Julio: ¿Estás listo?(Kael le hizo un gesto de afirmación) ¡Ya!

jueves, 3 de febrero de 2011

Inicio

Los dos hermanos se rien sentados al borde del muelle, con sus pies colgados rozando el agua tranquila. Es de noche pero la luna ilumina el mar inmenso...
Miguel es el mayor y tiene 20, Julio tiene 17.
- Julio (poniendose un poco triste): mañana es mi cumpleaños y me voy a unir a la marina...
- Miguel (Tranquilizandose de la risa): ...
-Julio: Entonces nos vamos a tener que separar por mucho tiempo.
Miguel lo mira. Sus pies estaban balanceandose pero dejó de hacerlo.
- Miguel (Tambien un poco triste): Tu sueño es ser almirante, ¿no? ¿Pero cómo vas a ser almirante si te gano en las peleas?
- Julio(Se apunta el pecho con el pulgar sonriendo): Voy a entrenar duro en el cuartel y te voy a vencer, ya verás...
- Miguel (Sonrisa):...
El mar se agita un poco y unas aves sobrevuelan a los dos hermanos. La ciudad parece tranquila y sin ruidos.
- Miguel: Tienes que entrenar duro porque la próxima vez que nos encontremos espero que seas un gran hombre que no me deje llegar a ser el rey de los piratas.
- Julio: No me va a gustar detenerte, ¿lo sabes no? sabes que no debes volverte pirata porque te voy a buscar y vas a ser mi prisionero...
- Miguel: Julio...
Miguel le mira directamente: -Miguel: Mañana es tu cumpleaños y yo tendré que irme para que no me agarre la leva. Yo quiero verte cuando seas todo un marine pero no quieras que cambie de opinion porque ya está decidido.
- Julio: Hermano, sabes que no me importa lo que decidas.
A julio se le quiebra la voz: -Julio: yo soy tu hermano y no te voy a cuestionar. Yo tambien quiero verte convertido en todo un pirata y enfrentarme contigo como hombres, no como niños...

Siguiente día, 5:45 PM. Julio y Miguel están en su casa y es la hora de la partida de Miguel, que lleva una mochila pequeña en su espalda con lo necesario para cambiarse un par de días. Julio está viendo si hay alguien atrás de su casa.
- Julio: No hay nadie...
Julio abre la puerta.
Los dos hermanos cruzan la puerta corriendo pero sin hacer ruido.
Julio y Miguel están serios y muy concentrados en que nadie los vean.
Esa parte de la ciudad tenía muchos árboles, así que no les era problema pasar desapercibidos, pero llegan al borde del busque, una parte donde hay una playa pequeña.
Ese día era el día de leva, así que había un par de marines custodiando el lugar.
Miguel le mira a Julio y luego le abraza.
Los dos lloran pero no hacen ningun ruido ni abren la boca, sólo cierran los ojos fuertemente y se abrazan más. Sus facciones eran muy parecidas, sólo que Miguel ya era un poco mayor que Julio.
Se sueltan y no se dicen nada, sólo se miran.
Miguel se mueve hacia la izquierda, donde todavía había árboles y Julio saca una pequeña bomba de su bolsa.
Se ve que una parte del bosque explota y los guardianes de la playa buscan de donde proviene ese ruido.
Corren a buscar quién lo produjo pero no hay nada, sólo árboles quemados.
Los marines se ponen a buscar a los alrededores pero Julio ya no está cerca de allí.
Para eso Miguel estaba ya lejos, en un bote inflable muy pequeño.



Es un día caluroso y un barco pirata se acerca poco a poco al muelle de la isla. El capitán del barco es un hombre grande de unos 45 años y lleva el timón como si toda su vida hubiera estado en altamar.
Hay algo debajo del barco que se acerca hacia la popa, rápidamente...
El muelle de la ciudad tiene una colina muy alta desde donde se pueden ver todos los barcos que llegan. Desde allí, unos marine están preparando lo que parece un cañón muy pequeño. Ellos tienen la vista fija en el barco que se acerca...
Pum!!! Sale disparada la bala del cañón y a la vez, otro marine dispara una ballesta de manera tán efectiva que la flecha se introdujo en la pesada bola de acero.
La direccion de la bala no se afectó y su objetivo siguió siendo el barco pirata, pero la diferencia era un hilo que estaba atado en la parte de atrás de la flecha y que llegaba hasta la colina. Cuando la bola alcanzó su objetivo, el barco sufrió un gran estruendo y los piratas se desequilibraron.
Ahora al barco le caen otras tres flecha de las que colgaban unos esferas de cristal.
En la colina, los marines encendieron el hilo que los unía con los piratas y el fuego comenzó a extenderse hasta llegar a su objetivo: Las esferas de cristal.
El líquido al interior de las esferas explotó.
Los piratas caen por el impacto y el barco se envuelve en una humareda.
Por la popa, cinco figuras aparecen desde las profundidades. Con la humareda, los piratas no supieron qué era lo que les atacaba, pero sentían que el metal se les hundía en la carne.
El capitán deja el timón y saca las espadas que tenía en su espalda. Éstas se enciende como si fueran antorchas.
Sus manos comienzan a arder junto con sus espadas. El aprovecha eso y se los frota para calentarlos más, para que con un soplido pudiera ver a un asustado Julio a dos metros de él.
Pero el pirata debe esquivar una cadena que, de no haberlo hecho le hubiera atravesado la espalda. Éste agarró la cadena y la jaló en pleno movimiento pero en vez de una persona, unas diez agujas aparecieron volando y estas si encontraron su destino.
Sin inmutarse por el dolor, el capitán del barco cogió sus espadas más fuerte y se movió un metro de donde estaba; alguien le atacó y este se defendió rápidamente y le clavó una de sus espadas que seguían prendidas.
Ese fue el fin, porque, mientras el pirata sacaba su espada, una soga voló desde atrás y un extremo se enroscó en su brazo. Otra soga le ató el otro brazo y lo mismo del cuello.
El capitán no veía de dónde venía ese ataque, pero era de atrás así que intentó retroceder, pero también de adelante le ataron igual y lo dejaron inmovilizado.
De los dos extremos aparecieron Julio y otro marine un poco más viejo que aseguraron bien a su prisionero. Éste, al ver que ya no podía hacer nada gritó a sus piratas que ya no sigan.
Se ve el rostro alegre de Julio mientras el humo va bajando.